Cuando abrí los ojos la vi tumbada a mi lado; su pelo acariciaba su rostro y respiraba con calma. Yo la contemplé y recostado contra el respaldo de la cama, acerqué mis dedos lentamente a sus rizos. Ella murmuró algo, en sueños, y dejó que un hombro se escapara de debajo de la sábana, dejándome ver de nuevo su piel sedosa. La deseaba otra vez, y mis manos se movieron por el colchón, hasta alcanzar su cuello. Su piel se erizó y se giró hacia mí, mostrándome el pecho y despertando oleadas de deseo en mí. Me hundí en las sábanas y la aferré a mí en un abrazo, dejando que mis labios suplantaran a los dedos y viajaran por su cuerpo. Sus ojos se abrieron lentamente y su brillo me advirtió que ella también me deseaba, abriendo todo su ser a mis caricias y a mis embestidas, con un murmullo que se convirtió en un gemido en sus labios. Y fuimos uno, otra vez, y mi sudor se mezcló con el suyo, y nuestros cuerpos se confundieron en un abrazo. Un abrazo que nos sacudió a los dos. Y mi estrella brilló, una vez más.








Vayaaa, qué bien descrito...
Muchos besos.
ser uno y brillar así.....no tiene precio......
mil besos niño,