Volvió a aparecer en mis sueños, como cada noche. Su aroma a hembra excitaba mi imaginación y yo allí, inmóvil, sin querer alejarla de mí, sentía sus manos recorriendo mi cuerpo... su melena azabache se deslizaba por mi pecho y tan suavemente como un susurro me transportaba a la cumbre del placer... me sentía tan dentro de ella que su alma se rozaba insinuante con la mía, sin prisas, saboreando con mi lengua cada milímetro de su piel. Ni una sola palabra manaba de sus labios, pero todo un fuego de pasión surgía de sus ojos. Sus labios recorrían mi cuello y podía sentir la cálida humedad de su saliva y la magia azabache lo inundó todo, como olas chocando entre sí, como una tormenta en un cálido día de verano y yo queriendo hundirme más y más, como queriendo llegar al último rincón de su mundo secreto. Las pequeñas gotas de sudor discurrían por su vientre, como perlas deseosas de ser lamidas y mientras con sus manos aferradas a mi cabello, atrayéndome una y otra vez como si de una mágica danza se tratase hasta hacernos uno.