Antes de que me operaran, hace ya casi seis meses, iba mucho a Hermanos Roldán, una cafetería- heladería muy típica en Córdoba. Una mañana estaba desayunando allí, con mi amigo Andrés, y vimos pasar a una chica guapísima. Los dos nos volvimos a mirarla, y en ese momento recuerdo que sonaba More than a feeling. Se me quedó en la memoria, porque es mi canción favorita.

Ahora, que estoy en casa sin poder salir, conservo ese recuerdo y la imagen de esa chica, con su melena morena y sus andares, y me vienen a la mente imágenes en forma de relato.

MORE THAN A FEELING

Estoy sentado en la barra, mirando el reloj, y le digo a Andrés que se beba deprisa el café. Es un tardón, siempre lo ha sido. Como en el instituto. Él protesta, con la boca llena de café y me dice que me vaya a paseo, que su desayuno es sagrado. Yo no le hago ni caso, y le insisto. "vamos a llegar tarde". Tenemos que recoger a nuestro amigo Jesús, que viene de Madrid.

Se abre la puerta del local y aparece ella, una chica alta, morena, con unos vaqueros bien ceñidos y una camiseta de color azul que realza su figura. Y me quedo mudo. No puedo articular palabra, porque lo que flota en el aire es esa melena morena, mezclada con las notas de More than a feeling. Parece echo aposta... Andrés suelta la taza de golpe, y la mira embobado, como yo, y me pega un codazo en las costillas, pero a mí no me duele, porque no puedo pensar en nada más que en esa música y en ella andando al ritmo de las notas, con esas caderas que se contonean solo para mí. Seguro que solo para mí.

Pasa por nuestro lado y Andrés y yo giramos la cabeza a la vez, siguiendo sus ojos verdes, y ella me mira. Sé que me mira, y se sonríe. "Me ha mirado", dice Andrés, y yo le digo que no. "No, hombre, me ha mirado a mí, ¿no te has dado cuenta?" Y de pronto vemos que ella se sienta en una mesa que no está vacía. De hecho hay un hombre allí. Se dan un beso. Maldición. Me quedo con las ganas. Es como encontrar una estrella nueva y que otro se lleve el mérito.

Y entonces Andrés me vuelve a dar un codazo en las costillas, y esta vez duele, y me dice que nos tenemos que ir, a la vez que paga la cuenta. Antes de salir miro por última vez a esa chica y le digo sin palabras que yo soy mejor que él, que podrá besarla, pero yo la admiraría como un astrónomo a su estrella.